Balonmano Darse un paseo por Nava de la Asunción lleva implícito impregnarse de la esencia más pura del balonmano. Un pequeño pueblo que ronda los 3.000 habitantes y cuya población vive atrapada por un deporte poco común en el resto de la provincia pero que allí es poco menos que una religión.

Nava respira balonmano. Hace unos meses, fue el equipo masculino el que se quedó a un paso de lograr el ascenso de categoría pero no sólo de los hombres vive el municipio. Allí, también las mujeres tienen mucho que decir.

En especial, dos de ellas. Raquel de la Cruz y Cristina Maestro. Ambas, han militado la pasada temporada en la División de Honor Femenina y ultiman sus días de vacaciones antes de iniciar una nueva travesía dentro de su deporte favorito.

Para una de ellas, Raquel de la Cruz, el destino es conocido. Jugará de nuevo en el Cleba León tras un año marcado por una lesión de rodilla que la obligó a perderse casi toda la temporada. Por eso, De la Cruz, de 24 años, afronta este nuevo curso “con muchísimas ganas, aunque ya el año pasado acabé contenta con mi nivel tras la recuperación”.

En cambio, Cristina Maestro, dos años mayor, no tiene su futuro tan claro. Tras finalizar su relación con el Mar Alicante, su futuro parece más cerca del extranjero que de España.

Y es que el balonmano femenino no vive su mejor momento. En consonancia con la situación actual del país, los clubes atraviesan serios problemas de liquidez y una solución cada vez más factible es la de emigrar. “Al no ser un deporte tan profesionalizado, hay muchas dificultades en el tema de los pagos. No hay seguridad en ese aspecto y la gente tiende a marcharse fuera”, asegura De la Cruz. Pero, eso sí, la salida es una opción siempre que “tengas todo claro y bien atado”, reconoce Maestro, que en estas semanas tratará de encontrar acomódo en un club que le garantice esa estabilidad.

Porque eso sí, se trata de dos enamoradas del balonmano pero, a la vez, con las ideas claras y la cabeza muy bien amueblada. Reconocen que, ahora mismo, “sí que se puede vivir de esto, pero en unos años, se termina”. Por eso, las dos han sabido compaginar esfuerzos y compatibilizar su tarea deportiva durante todos estos años con los estudios universitarios que, en unos años, serán su verdadera salida profesional.

Tras realizar sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial en Alcobendas, Raquel de la Cruz aprovecha su estancia en León para finalizar la Superior. Mientras, Cristina Maestro está a una asignatura de terminar la carrera de Matemáticas.

Dos carreras duras pero que, a base de sacrificio, han sacado adelante mientras disfrutaban de su deporte favorito. Porque su aventura en el balonmano comenzó desde muy pequeñas.

Trayectoria

Siendo de Nava, no podía ser de otra forma. Las dos se iniciaron en esta modalidad en su pueblo pero, con el tiempo, tuvieron que marcharse tanto para seguir con los estudios como con su carrera deportiva.

Si Maestro lo hizo al terminar su etapa en juveniles para jugar en el Universidad de Salamanca, en la Segunda División, De La Cruz fue todavía más precoz y ya en su último año como cadete se enroló en las filas de un equipo pucelano. Desde entonces, además de coincidir en la Universidad de Salamanca cuando la segunda era todavía juvenil, sus trayectorias no dejaron de crecer.

Maestro fichó por el Mar Alicante, donde estuvo dos años antes de dar el paso al Elda, uno de los equipos punteros del balonmano nacional con el que se proclamó campeona de Liga en la temporada 2007-2008. Tras dos años allí, regresó al Mar Alicante para jugar allí las dos últimas campañas.

Por medio, una amplia experiencia en las competiciones internacionales “que se hacen muy duras, pero en las que disfrutas mucho jugando con gente que antes sólo veías por la televisión”. De hecho, hace dos temporadas estuvo a punto de conquistar la Recopa de Europa con el equipo alicantino, cayendo en la final.

En cuanto a De la Cruz, tras su paso por Salamanca se trasladó a Madrid para jugar cuatro años en el Alcobendas, antes de estar seis meses en Dinamarca para, de regreso a España, finalizar su estancia en la capital y fichar por el Cleba León.

Además, las dos formaron parte de las categorías inferiores de la selección en una experiencia “inolvidable” para ambas y en la que Raquel de la Cruz consiguió el subcampeonato europeo y el cuarto puesto mundial en su etapa júnior.

Trayectorias exitosas para una central, De la Cruz, que se define como “una jugadora de club. No soy de meter diez goles por partido pero me acomodo muy bien al papel que me dan. Además, tengo bastante polivalencia”; y una guardameta, Maestro, que con los años ha pasado “de ser una portera explosiva a tener más experiencia y jugar con mucha más inteligencia”.

Un largo camino que recorrer para las dos pero sin olvidar ni sus orígenes, ni que esta andadura no deja de ser algo pasajero y que, si aparece una oferta atractiva en sus respectivos campos profesionales, llegará el momento de replantearse el deporte. Por el momento, ambas tienen la oportunidad de seguir labrándose un futuro en la élite del balonmano nacional.

Balonmano Nava

Lo que tampoco esquivan es emitir una valoración acerca del panorama que vive en estos momentos el equipo de su localidad. En un deporte “muy importante” dentro del municipio “que juegan todos los niños y en el que hay puestas muchas ilusiones”, Raquel de la Cruz no entiende que “ahora que salen bien las cosas, la Federación ponga tantas trabas y la situación se complique tanto”.

A su modo de ver, “había opciones de cuadrar bien los grupos pero se está haciendo todo muy mal desde la Federación”, sin tener en cuenta a un Balonmano Nava “que lleva varios años disputando fases de ascenso y que tiene una afición volcada con el equipo”.

Cristina Maestro tampoco entiende que “a otros equipos como Salamanca sí se les permita jugar en el norte y al Nava, no. Es muy injusto”.

Comprometidas, implicadas, tenaces y con mucho recorrido por delante, dos jugadoras que ejemplifican una vez más que Nava de la Asunción respira balonmano por los cuatro costados.

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