El Viveros Herol puso la guinda con su victoria al CF Porto en el inicio de las celebraciones por sus 40 años de historia.


Juegos para los más pequeños, chocolate con churros a la llegada al poli para entrar en calor, firma de autógrafos, homenajes a los que llevan toda la vida escribiendo esta historia y, como colofón, victoria del primer equipo ante todo un primera de la Liga portuguesa como es el Porto.


El equipo de Óscar Perales, que vuelve a la competición oficial el próximo sábado en Ciudad Real, se impuso por dos goles de ventaja (36-34) en la gran fiesta del balonmano navero. Un encuentro que, si bien no vale para salir de la situación complicada en la tabla en la que se ven tras disputarse la primera vuelta, bien puede servir como aliciente para hacer un borrón y cuenta nueva.


Y eso que los portugueses les exigieron desde el comienzo y les pusieron en esa situación que tan mal se les da resolver a los segovianos: la del intercambio de golpes, comenzando por debajo, que los locales supieron manejar hasta conseguir llegar al descanso con un empate a 18 que invitaba a soñar.


Con un Álex Tello en estado de gracia (9 goles, máximo goleador junto con el jugador del Porto Patrick Lemos, que marcó el mismo número de tantos) y un Ismael Juárez que volvió a ser determinante con su velocidad desde el extremo (6), el Balonmano Nava se lo fue creyendo, llegando a los compases finales del partido con opciones de dar, como en las grandes tardes, una alegría a una afición necesitada de que le pinten a sonrisa esta campaña.


Las buenas noticias no llegaron solo del marcador final o del hecho de que a Tello le hayan sentado bien el roscón y los turrones. En líneas generales, el ataque mostró una definición mucho más afinada que antes del parón (Carlos Villagrán, otro de los puntales, vio puerta en 5 ocasiones y Darío Ajo Villarraso, desde el pivote, 4) y la defensa fue la de la ultraconcentración que se necesita para amarrarse a una División Plata de cuya dureza no vamos a contarles a estas alturas de la película.


Pero si hubo algo excepcional sobre esa cancha especial colocada en nuestro pabellón, fue la vuelta de Juan Carlos Cabada bajo palos. Lesionado desde principio de temporada, saltó a la cancha para demostrar que no ha perdido sus reflejos durante su convalecencia. Al igual que Samuel, que con una retahíla de paradas cuando el marcador estaba más ajustado en la segunda parte, fue uno de los grande valedores que sostuvieron al equipo.


Al final, apretón de manos y a pensar en ese encuentro del sábado donde empieza el sprint final camino de una permanencia que, si bien se ha complicado por un mal arranque y el tiempo que tardaron en encajar las piezas nuevas, es más que factible con los mimbres y el juego desplegado ante el Porto.