En el deporte, es obvio, el talento para la práctica del mismo es determinante a la hora de conseguir un resultado favorable. Pero no es el único factor que interviene en que el triunfo caiga de uno u otro lado. Es igual de evidente que la suerte, buena o mala, juega un papel fundamental convirtiéndose en una especia de jurado cruel que, el sábado, hizo que el Viveros Herol se quedara con cara de circunstancias.
 
Porque el parcial de 5-1 en el minuto 5 del equipo local demostraba sus intenciones: bregar para conseguir unos puntos que no eran dos puntos más, sino los que le hubiesen aupado a la zona de seguridad de la tabla, hundiendo a su oponente, el Amenábar. Pero quisieron los fallos en los lanzamientos de 7 metros, los rebotes que caían en las manos de los vascos y un sinfín de casualidades fatales, que la parroquia navera se fuera de vacío de su propio Pabellón Polideportivo.
 
En el 8:42 Mikel Iraeta colocaba el 5-6 y los chavales de Álvaro Senovilla jamás volverían a estar por delante del luminoso. Remaron a contracorriente a lo largo de todo el encuentro, consiguiendo ponerse a la par en ciertas fases del choque (7-7, 8-8, 9-9, 11-11, 13-13, 14-14, la última a 16), pero sin alcanzar a sobrepasar a un Zarautz que supo hacer muy bien la goma y jugar con sus dos o tres goles de ventaja para dosificar y acabar llevándose el botín.
 
En el ataque navero, la fórmula de dejar solo a Darío Ajo en la línea de 6 metros merced al enorme trabajo de basculación, propiciando situaciones de superioridad de 2 contra 1, dieron sus frutos hasta en seis ocasiones, veces que el pivote consiguió marcar. Sin duda, como en la jornada anterior, Carlos Villagrán (6) fue otro de los puntales que, a lo largo de los 60 minutos, hicieron lo imposible por no despegarse en el luminoso, combinando con Alberto Camino para permitir la circulación de la bola. Pero, enfrente estaba un colosal Julen de Carlos que repelía, como si fuera un frontón, los tiros de Viveros Herol...
 
La defensa volvió a ser seria, pero no suficiente. Ni siquiera cuando, a la desesperada, en los minutos finales, Senovilla lo intentaba con un 4:2 que tan solo sirvió para que el resultado final fuera de 25-27, solo dos abajo. Suficiente para tener que llamar, por enésima vez, a la puerta del pseudomilagro. Una puerta que, desde aquí, no cejaremos en el empeño de abrir.
 
Quedan tres complicadas oportunidades. La próxima, el siguiente sábado, en el Municipal de Nava, contra El Cisne (por debajo en la clasificación), a las 18.30. ¡Te esperamos!
 
Club Balonmano Nava