Buen partido. En ataque, en defensa, remontando, arremangándose... Pero contra ese puntito de mala suerte que le permite a uno marcar la diferencia cuando las batallas están tan igualadas, no se puede luchar. Nada menos que siete veces topó el Viveros Herol contra la madera. Si solo dos de esas bolas hubiesen entrado, hoy estaríamos leyendo y escribiendo otra crónica, porque el resultado final, apretado y agónico, fue de 26-25.

Nava empezó bien. Manteniendo el tanteador entre el empate y una diferencia de uno o dos goles arriba o abajo, contestando al pulso que Alcobendas le proponía e intercambiando los golpes certeros que acababan en gol. Parecía que, esta vez, la falta de ideas en ataque no iban a ser un problema como sí lo fueron en tardes pasadas. El problema empezó atrás, por culpa de la enorme fuerza de la parte izquierda del ataque madrileño. Bien desde el lateral, con fintas que permitían llegar hasta los 6 metros fácil o con la apertura al extremo. Imposible parar las acometidas para un David de Diego que dejó su puesto en la portería a Alberto Miranda.

El tiempo muerto pedido por Álvaro Senovilla cuando el rival se colocaba 8-5 fue suficiente para retocar y ajustar la defensa que empezó, ayudados por el propio Miranda, a mostrar la intensidad que ha permitido que sea uno de los puntos fuertes del conjunto segoviano. Así, poco a poco, y con un Isma Juárez (5 tantos) muy inspirado desde el extremo derecho, al descanso el marcador reflejaba un 15-14. El último gol antes de ir a meditar al vestuario lo marcaba Darío Ajo, que luchó contra una dura defensa de Alcobendas durante todo el encuentro para acabar materializando 6 goles.

Los jugadores del Viveros Herol eran conscientes de la importancia de sumar. Por eso, la segunda parte comenzó con una mayor intensidad y con un par de paradas de MIranda que azuzaron a sus compañeros. Rondando el minuto seis de la segunda mitad, Bruno Vírseda materializaba su segundo contraataque consecutivo colocando el 16-18 que invitaba al más de medio centenar de naveros desplazados a soñar con que el viaje de vuelta no iba a ser de vacío, pero sin fiarse, porque decepciones esta temporada sobran.

Iba a ser otra tarde de esas, de las de decepción. Porque, como pudieron leer arriba de esta crónica, en los momentos cruciales, esos que permiten dar un tirón en el luminoso para poder parar respirar un segundo, el palo, jugador número 8 de Alcobendas, hacía acto de presencia para desesperación de los que sudaban en la cancha y de los que se mordían la uñas sentados en sus butacas.

Los últimos siete minutos fueron tensos. El gol de Gonzalo Velasco ponía un empate a 23 en el marcador con el que empezaban a esfumarse las esperanzas naveras de esa victoria que hubiese sido un balón de oxígeno en la inmensidad de los puestos de descenso. A falta de 16 segundos, Héctor Gónzalez, la gran pesadilla para la defensa visitante en la tarde del sábado, con 9 goles materializados, hacía subir el 26-25 con el que terminaría el partido.

La tuvo Nava en la última bola para irse con un punto, pero el disparo de Simón (6), atacando como portero jugador, fue repelido por Manu Rodríguez bajo palos y a jugadores y afición se les quedó cara de decepción.

Próximo partido, vital como lo han sido los últimos y como van a ser de aquí a que concluya la temporada, Covadonga, sábado a las 18.30 en el Pabellón de Nava (si las condiciones meteorológicas lo permiten). Y hay que llenarlo, porque... ¡aquí no se rinde nadie!

 

Club Balonmano Nava