Sí, se perdió, pero se pudo ganar ante uno de los equipos más fuertes de la categoría. Y con esa, y no otra conclusión, es con la que hay que quedarse de cara a una recta final que se nos va a hacer dura y empinada a todos, pero que, juntos, conseguiremos coronar para conseguir mantenernos en División de Honor Plata. El Palma Río (4º en la clasificiación general y luchando por el play off a Asobal) sudó la gota gorda para llevarse los 2 puntos del feudo navero.

Buena culpa de no fuera un paseo para el equipo fuerte frente al débil fue culpa de la seriedad máxima ofrecida en la línea defensiva. Efectivamente, a quien haya seguido a Viveros Herol durante esta campaña, no se extrañará al conocer a este dato, pero en la tarde del pasado sábado, la intensidad atrás fue incluso mayor de la media a la que estamos acostumbrados.
 
No hubo líderes que destacaran atrás. Porque Álvaro Senovilla, que en el minuto dos pidió un tiempo muerto para que el mensaje de intensidad y de que estaban prohibidas las relajaciones calase muy hondo en los seis jugadores de campo. Durante buena parte de una primera parte en la que Palma Río se sintió ahogado en ataque (con el árbitro amenazando pasivo casi en cada una de sus acometidas ofensivas), el entrenador optó porque el mismo bloque de defensa fuese el que atacase. Y que el que sintiera que necesitaba un descanso, lo pidiera.
 
Sí fue de las mejores tardes de Alberto Miranda desde que aterrizara en la portería navera. Como fue un partido para que Alberto Camino (3 tantos) de director de orquesta y Dani Simón (4) asumiendo las decisiones de tiro, se echaron a las espaldas la responsabilidad de engrasar el ataque navero que llegó a ir 3 goles arriba en el luminoso con el 7:4. Una ventaja que se elevó a un tanto más con el 11:7, pero que supo reducir la escuadra visitante para llegar al descanso con una ventaja para los nuestros de dos arriba (11:9).
 
Parte de culpa de que la ventaja del Balonmano Nava se fuera diluyendo llegó desde la portería, de la mano (y los pies) de Manu Fernández. Poco a poco, el equipo local perdió las fuerzas, porque el altísimo ritmo impuesto era complicado de aguantarlo 60 minutos. La gasolina llegó hasta el minuto 50, cuando los cordobeses consiguieron dos contragolpes seguidos que dejaron el partido visto para sentencia.
 
A pesar de la derrota, nos hace ser más que optimistas que la muñeca de Bruno Vírseda desde el extremo volviera a ser la de sus grandes faenas, consiguiendo acertar cuatro veces en la portería visitante y aprovechando la abertura de huecos propiciada por el movimiento rápido en ataque que le permitió libertad para encarar y lanzar.
 
Nos quedamos sin botín, pero, insistimos, el trabajo visto sobre la cancha hace ser optimistas y creer en que esta complicada situación en la tabla es circunstancial, que saldremos. La próxima final, fuera de casa, contra el Barcelona B. Otro hueso duro de roer al que iremos con muchas ganas de hincar el diente.
 
 
Club Balonmano Nava