No ha servido el parón navideño para descansar la mente y afrontar la recta final de la temporada con unos resultados que inviten a la grada a un mayor optimismo. El Viveros Herol tropezó, por enésima vez esta temporada, en la piedra de la falta de fuelle en momentos clave del encuentro y cosechó ante el Handball Bordils la primera derrota de este 2016.

Viajaba Nava con bajas sensibles, como las de Alberto García, Ismael Villagrán y Juan Carlos Cabada. Y, aunque no se puede decir que fueran determinantes, porque el grupo ha sabido demostrar que el bloque es equilibrado -véase, en este mismo partido, la respuesta en ataque con los tantos repartidos entre un buen número de jugadores-, si que echó en falta una mayor capacidad de maniobra desde el banquillo en los trances más complicados del choque.

Hasta el minuto 20 de la primera mitad, Nava supo hacer su juego: mover la pelota y encontrar los huecos una y otra vez. El Balonmano Nava aguantaba en el marcador. Y era Nono Quintana el que permitía que el equipo local se mantuviera por delante de los segovianos, con sus goles (7 al acabar el partido) y liderando un ataque que, al ver la pájara de los de Álvaro Senovilla, aprovecharon los 10 últimos minutos de la primera mitad para apretar el acelerador y acabar yéndose al vestuario con un 15-10 que pesó demasiado en las cabezas de los naveros.

Ni si quiera un colosal Ismael Juárez (6 goles) y los dos puntales ofensivos de esta campaña, Carlos Villagrán (3) y Alberto Camino (1) fueron capaces de sacar el pecho y los galones suficientes como para acercarse en el tanteador. No hubo oportunidad ni esperanza a lo largo de los 30 segundos minutos de poder sacar algo más positivo de la visita a tierras catalanas. Y eso que el parcial de 0-3 tras el tiempo de descanso, supuso un espejismo que dejó a la parroquia navera con la miel en los labios.

En defensa, Senovilla probó cambiando la defensa a 5:1, pero fue peor el remedio que la enfermedad. Bordils llegaba con solvencia a la línea de 7 metros y fusilaba sin compasión a Alberto Miranda, que poco pudo hacer para detener el empuje de un equipo que se encontró más cómodo de la cuenta. Y eso que, desde comienzo de temporada, el Viveros Herol se ha caracterizado por saber ajustar muy bien las filas y adecuar la táctica defensiva, haciendo del trabajo atrás el mayor de sus fuertes.

Al finalizar un partido en el que Nava ejerció de invitado, el marcador reflejaba un 29-21 que demuestra, de nuevo, que la permanencia va a ser complicada, pero nunca imposible. Y que desde ya, el equipo, más que nunca, necesita del calor del Municipal Navero para lograr una más de esas hazañas a las que ya está acostumbrada la grada navera. Lo repetimos: nadie dijo que fuera fácil, pero, juntos, ¡se puede!